sábado, 27 de junio de 2009

El día de la marmota

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Groundhog Day (en español El día de la Marmota), conocida en España como “Atrapado en el tiempo” y en Hispanoamérica como “Hechizo del tiempo” o a veces también como El día de la Marmota es una comedia romántica dirigida por Harold Ramis y estrenada en 1993. (Wiki) Bill Murray y Andie MacDowell protagonizan esta comedia fantástica, en la cual el cínico y sangrón meteorólogo televisivo Phil Connors (Murray) debe cubrir un tradicional evento en el aburrido pueblo de Punxsutawney Pennsylvania (pronúncielo usted), donde una famosa marmota anuncia a la región si el invierno terminará tarde, o temprano.

Con una hueva infinita, Phil llega a la víspera acompañado de un camarógrafo y de su bonita redactora Rita (McDowell) para transmitir las imágenes y comentarios de todos los años temprano al día siguiente; y regresar a la ciudad lo más rápido posible.

Pero una tormenta de nieve les impide volver ese día; y se ven obligados a pernoctar otra vez en el hotel del pueblo. Phil muere de aburrimiento y se acuesta temprano para despertarse y salir cuanto antes.

Pero he aquí que el destino le tiene preparada una canija treta: a la mañana siguiente, Phil se despierta en el día anterior. Así de sencillo: te acuestas el lunes, y en vez de amanecer el martes, amaneces otra vez el lunes. Es el mismo día, pasan las mismas cosas, y solo tú te das cuenta que el día está repetido. Nadie más. Incrédulo, Phil actúa como si le estuviera ocurriendo un loquísimo “deja vú”, pero al dormirse y despertar una vez más, se da cuenta con horror que otra vez volvió a amanecer en el mismo día.

Y así ocurre al día siguiente.. y al siguiente.. y al siguiente. Phil se encuentra atrapado en la jornada más anodina de su vida; y solo él lo percibe: Trata de decírselo a sus amigos y ellos lo toman por loco. Por más que hace e intenta, no deja de amanecer en el día anterior.
En lo que parecen ser decenas, o hasta cientos de jornadas repetidas, Phil pasa por diversas aproximaciones a su estrambótica condena similar al suplicio de Sísifo: intenta negarlo; se aprovecha de ello, trata de distraerse, pide auxilio; se divierte a costa de los demás; roba un camión de valores, conquista chicas, comete crímenes y busca hasta el suicidio. Nada le funciona: al día siguiente siempre amanece en la misma cama del hotel; con la misma canción en su radio despertador.

Poco a poco, Phil se da cuenta de que hay sólo una cosa que puede hacer ante esta increíble pesadilla: Si nada cambia a su alrededor, él es el único que puede cambiar. No puede por ejemplo evitar que muera una anciana indigente todas las noches, por más que él le ayude y reconforte; pero sí puede comenzar a tomar clases de piano: Para la maestra siempre es la primera vez, pero Phil avanza día con día en el dominio del instrumento que siempre quiso saber tocar. Igualmente aprende a hablar francés y esculpir en hielo, entre otras monerías.

Pero el reto que comienza a ocupar la voluntad de nuestro infortunado meteorólogo es Rita. A diferencia de sus muchas novias, Rita es inteligente, madura y sensible. Es evidente que al principio nuestro galán le resulta vomitivo (la escena en donde él devora un gran trozo de pastel de un bocado es notable), por lo que el reto de enamorarla en un solo día será mayúsculo. Pero es ella quien le da la pista a Phil sobre el camino a seguir: si antes era cínico y egoísta, ahora deberá ser amable, sensible y respetuoso. A través de infinidad de intentos de prueba y error, Phil aprende a convivir con la gente, conocer sus necesidades, y ser amable. En una palabra: tiene que ganarse a todo el pueblo para poder ganarse a Rita.

El final -ya se lo imaginarán- es cuando nuestro amigo logra por fin la perfección y conquista el amor que mucho tiempo antes (o un día, depende del punto de vista) se antojaba imposible; lo cual deviene en su propia liberación.

Espero no haberles sebado el misterio de una película. En realidad “El día de la marmota” no es particularmente buena; pero a mí me causó una impresión que perdura. Qué pasaría si a nosotros, un buen día; o más bien un mal día ¿nos pasa lo mismo? ¿Tener que vivir una y otra vez la misma jornada? Un día cualquiera; un día aburrido. Un día como muchos en nuestra vida, ¿totalmente prescindible? Contar con la oportunidad infinita para ensayar una y mil veces nuestras actitudes, nuestras reacciones, y la forma en que influimos en los demás. ¿En cuantas ocasiones no hemos sentido la necesidad de volver a vivir un día determinado, para hacerlo mejor, para evitar cometer nuestros grandes errores? ¿Qué día te gustaría repetir una y otra vez hasta que salga perfecto?

(2)

“El día de la marmota” nos llega en cierta forma a todos nosotros. La fiesta de navidad con los abuelos; el cumpleaños anual de la tía Ripia en su casa de siempre, con la comida de siempre, con los invitados de siempre, con las pláticas de siempre; los chistes de siempre; las peleas de siempre. La reunión anual de ex alumnos donde la única diferencia de un año a otro es constatar el aumento del diámetro abdominal de unos y la disminución del pelo en otros; porque la plática es siempre la misma; compromisos que tenemos inmutables año tras año, y a los que atendemos más por cariño y por costumbre, que por interés. ¿Cuáles son tus propios días de la marmota?

También hay “días de la marmota” agradables, esperados: puntos nodales en la línea del tiempo de nuestra vida, que de alguna manera marcan el ritmo del paso de los años. Aunque son ocasiones repetitivas en buena medida, no me molestan. Hoy tuve mi desayuno semestral con los ex condiscípulos de la universidad, y me sentí muy bien. Llegamos, platicamos de lo mismo, nos revisamos las calvas y las barrigas, comentamos el acontecer cotidiano y vemos reflejadas nuestras opiniones en las de los demás; presumimos de operaciones abdominales o niveles de colesterol; hablamos de los hijos y tomamos nota de las últimas novedades de la palomilla: mudanzas, enfermedades, divorcios, alumbramientos, decesos.

El hombre –se dice- es animal de costumbres. Le gusta tener ritos, según le explicó la zorra al Principito. Los ritos son necesarios. Los ritos hacen que un día no se parezca a otro día, y que una hora sea diferente a otra. Los “días de la marmota” son un rito que precisamente por repetitivos nos permiten apreciar las diferencias, las evoluciones o las involuciones. La repetición de las costumbres nos permite discriminar si hemos avanzado, o retrocedido.

Uriel, Ric y yo nos dimos nuestra dosis de nostalgia semestral. No duró más de dos horas y fue muy agradable. Espero a la próxima ver a Gis, Laura, Toño, Pedro, Lucía, Mauricio, Héctor, Bertha y todos los demás, para celebrar nuestro rito, nuestro propio “Día de la marmota”.

1 comentario:

Carlos Ortega dijo...

Hubo un momento en que pensé que mis Navidades eran mi propio "día de la marmota", junto con las reuniones de ex-alumnos del IDB, bodas, bautizos y funerales (llegué incluso a evitar todos estos eventos); sin embargo poco a poco descubrí que mi vida entera era un "día de la marmota"...pero, al igual que Phil, estoy tratando de cambiar eso. Es la lucha del día a día. Saludos.