viernes, 19 de diciembre de 2008

Fresh Aire y el Metal

Lo primero que llama la atención es el nombrecito. O es Fresh Air.. o Fresco Aire.. o simplemente Aire Fresco; pero no: es Fresh Aire.. ta bueno.  Era, en los ochentas, música famosa de "new age"... o como algunos infelices decían, "música de audiovisuales". 

Fresh Aire es el nombre de una serie de discos que el grupo musical "Mannheim Steamroller" (en realidad un tal Chip Davis y su cuate Jackson Berkey) grabaron durante 25 años a partir de 1975. Fueron, junto con nombres como Vangelis, Kitaro, Enya Yanni, Brian Eno y Jean Michel Jarre, representativos de este difuso movimiento musical llamado New Age.

A mi modo de ver, New Age era en los 80's, lo que en el nuevo siglo llaman "indi".. o independiente.. cosas que se salen del circuito comercial, y del circuito alternativo, a veces tan comercial como el comercial.  La verdad es que el  New Age era algo bastante indefinido, y ligeramente sebo. Siempre que trataba de llegarse a algo concreto, se decía que el New Age se reconocía más por los sentimientos que producía que por la morfología de la música o los instrumentos utilizados. La verdad es que esa definición es muy comodina. A 30 años de su auge, yo podría definir la música New Age como música de soniditos chidos, efectos efectistas y la exploración de cuanti cosa podría incluirse en una grabación: Sonidos, efectos, ritmos, tiempos, volumenes. Sólo como ejemplo en un disco de Jackson Berkey suena en una canción, un panito de juguete (Linus de Shultz) y un órgano monumental de una catedral gótica (hundida). En un solo disco exploraban ritmos latinos,  celtas, y funk.  Si entendemos la música como expresión del alma del hombre, pues esto del new age era solo como el cascarón.. sonaba bonito, pero pues no decía mucho. 

Lo reconozco, era musica de nerds; pero no puedo negar mi pasado. Con Fresh Aire tuve mis amigos.. con fresh aire acometí los proyectos más locos de mi vida profesional (Bueno, a los 20 años)  Con fresh aire me enamoré.. con fresh aire me casé.  Escuchaba esa música, la disfrutaba; marcó una etapa de mi vida.  

Sigo las confesiones: El Epi, el Ric y yo integramos una especie de bandita nerd, y tocábamos canciones de Manheim Steamroller y cosas parecidas de New Age. Un repertorio pequeño por que casi no teníamos tiempo de ensayar y bueno.. fechas de presentación nunca hubo, pero tuve el placer de tocar en una banda. Nerd, pero banda al fin. Hasta mandamos pedir tasas y gorras pagadas en dólares con los logos de esa banda.  Yo tocaba uno como teclado portátil que se colgaba como guitarra. Me sentía de lo más pro, llevando la melodía. Epi, el verdadero músico de la palomilla, hacía bajos y coros, y el Ric los ritmos, pero sin batería, nomás dándole a los botoncitos de un sintetizador. Nos sentíamos soñados. Tocábamos algo de Fresh Aire.. y -oh god- algunas de los Beatles. Ríanse desgraciados!!! estoy seguro que todos tienen algo de qué avergonzarse en su vida. Confiésenlo.

Bueno, pues 20 años después, me pasó el Ric toda la discografía de Manheim Steamroller: los 8 discos de fresh aire, desde el de 1975 hasta el 2000.  y... -Ay Dios-  sus discos de villancicos navideños y..  -No es posible- Sus especiales de Halloween.  Parece que estos chicos no se compusieron, sino que verdaderamente quedaron ahogados en un mar de melcocha.

Pues en esta oportunidad decidí reencontrarme con mi pasado.  Comencé a escuchar todos esos discos, y  llamé a mi hijo el Jr. (13 años) y le dije: "Hijo mio.. hay un momento en la vida de los hombres, que debes conocer la verdad verdadera, la neta del planeta. Vástago de mi corazón, te voy a presentar la música New Age."

Cuatro discos después, la cara de mi querido Jr había adquirido un ligero tono verdoso.  "Escucha esta música...  -le dije- no te parece como un hermoso atardecer en la playa?? Trata de imaginárteo!!!"  "-Si.. me lo imagino.. es como un hermoso atardecer en la playa, pero naquísimo.."   Lo más que le pude sacar, es que esa música sonaba como música de boda, pero a la hora de cenar.

Mi hijo el Jr quién sabe de dónde agarró la afición por el Metal.  De mí no, evidentemente. En otra década yo hubiera puesto el grito en el cielo; pero es curioso.. esa musica metalera suena... muy bien.. es rica, creativa.. y comparada con otras corrientes podría decir que es casi clásica:  Metallica, Slipknot, Iron Maiden, Apocalliptica. En mis tiempos eran cosa de 
Satanás, y ahora suenan tan.. padre.  En cada oportunidad, el Jr. me enseña canciones loquísimas de los grupos más emblemáticos de los 70's 80's y 90's.. que cosa... y  yo escuchando New Age.  Bueno: supongo que el camino a la sabiduría involucra el reconocimiento y aceptación de las verguenzas pasadas: nada se puede hacer.

Nos vamos de vacaciones.  Jr. perdió su Mp3 así que lo vamos a compartir. Mi Archos 605 tiene lo más selecto del metal del siglo pasado,  lo más representativo del new age contemporáneo, y bueno, 25,000 canciones más.  ¿Cuales? Pregúuuntenme.

Saludos al Ric y al Epi.

sábado, 13 de diciembre de 2008

República del Salvador

No la conozco.

El país; la calle sí.  Cualquier capitalino la conoce o ha escuchado hablar de ésta.  Desde hace décadas República del Salvador, al igual que otras calles en la Ciudad de México se había especializado en algún aspecto del comercio instalándose en sus locales decenas o cientos de negocios del mismo ramo.  Cuando yo la conocí al final de los años 70, en esta calle se podría encontrar todos los componentes necesarios para la reparación de aparatos de sonido y televisiones.  

¿Se acuerdan de los aparatos de "bulbos"?  ¿Y de los bulbos? Si.. esos como foquitos que se prendían débilmente, se calentaban casi al rojo vivo, y se fundían con desagradable frecuencia.  Eran caros, y difíciles de conseguir, por que cada aparato distinto, parecía usar bulbos distintos. Los había grandes y pequeñitos, con 4, 6, 10 o más patitas o terminales.  Yo conocí "El Salvador" cuando los bulbos estaban desapareciendo -dando paso a los transistores, que no se fundían- por lo que cada vez era más escasos.  Todos los "radiotécnicos" (*) de la ciudad de México acudían con frecuencia a esta calle, a peregrinar de casa en casa, mostrando suplicantes a los empleados de los mostradores el bulbo raro, el cinescopio fundido, el Fly-Back (Que chido nombre) de aquella televisión cuyo cliente llevaba meses esperando su reparación. 

Encontrar el bulbo adecuado, la refacción justa, era como encontrar el santo grial; y los "radiotécnicos" se entregaban a esta gesta con fervor religioso.  Peregrinaban de casa en casa por la calle, simplemente mostrando el bulbito a los empleados, ya sin siquiera emitir palabra.  En todos los casos no tenían la pieza en cuestión, negaban con la cabeza sin tampoco decir nada, y el peregrino salía a la casa siguiente. Pero la distinción estaba en las posibilidades de encontrarla. Por ejemplo: Un bulbo antiguo y raro, de la epoca de los 50 era tan extraño, que con solo mostrárselo a los empleados, éstos negaban con la cabeza rapidamente,  a veces con cierto dejo de burla, como diciendo: "Jaja.. ¡pero qué iluso!"  y en otras ocasiones, en un arranque de conmiseración, los empleados le espetaban al cliente un consejo: "No pierda su tiempo, amigo; esa pieza no la hay desde hace diez años"...   ¿Ustedes creen que el peregrino se amilanaba?  Nuncamente: como buen mexicano, tenia siempre la esperanza de lograr, de casualidad y gracias a una coincidencia increíble, encontrar al dichoso bulbo en la siguiente casa.

¿Por que conozco estas cosas? No, nunca fui radiotécnico. Yo era aficionado a la electrónica; es decir, desde chavito me gustaban todas las cuestiones de la electricidad, la electrónica, la radiocomunicación, y cualquier disciplina que involucrara alambres, pilas, aparatos y soldaduras (La informática como tal no existió sino hasta 15 años después).  Desde muy joven, (Tal vez 11 o 12 años) cruzaba media ciudad algún sábado por la mañana, -en camión y metro- para pasarme literalmente todo el día viendo cositas en la calle de República del Salvador. Todo me fascinaba: los aparatos, las bocinas, los foquitos, los  alambres.   Siempre iba con el pretexto de comprar algún componente que necesitaba para alguno de mis "experimentos",  pero siempre me quedaba y veía muchísimo más. Para mí era fascinante.  En esos años, no había ambulantaje, no había piratería. Lo único que se le parecía eran puestos que se ponían en las banquetas, vendiendo literalmente pedacería de aparatos eléctricos y electrónicos, donde la gente se detenía a hurgar en los montones de despojos para buscar -con el mismo fervor que ya he comentado- si de casualidad encuentran enterrada la pieza que tanto ansían.  (Y que esta funcione, claro).

Como todo, República del Salvador fue evolucionando.   Con el advenimiento de nuevas y más baratas tecnologías, la calle poco a poco dejó de vender partes, para vender aparatos más baratos y desechables. Se especializó en aparatos de sonido, tanto para uso doméstico, como industrial y profesional.  ¿Quiere usted comprar unas buenas bocinas tipo corneta  "Radson" para sonorizar un pequeño estadio de fútbol?  ¿Ya se le gastó la "Aguja" del "Tocadiscos" con la que escuchaba los éxitos Ray Charles?  Su chamaco de la secundaria necesita un "Kit" para su taller de electrónica?  ¿Se volvió a fundir el bulbo de la consola "Telefunken" del abuelo?  Vaya a república del Salvador.

Como si fuera nuestro propio valle del silicio, República del Salvador (Al igual que Tepito, en su versión fayuquera)  era escaparate tecnológico del país. Antes de que alcanzaran las principales tiendas departamentales, en República del Salvador podían encontrarse los aparatos más avanzados, las televisiones más grandes; las bocinas más ruidosas, las luces audiorítimicas más brillantes, y los walkmans más pequeños.

Llevo más de 30 años viniendo a república del Salvador (escribo este post en una cantinita en su esquina con Bolívar.)   De los años 70 para el nuevo siglo, muchas cosas han cambiado.  República del Salvador tambien.   Pasó -decía- del bulbo al transistor, y del transistor al circuito impreso, y de éste al microcircuito integrado. Y luego llegó la era digital. Llegaron las computadoras y todo era "por computadora".  Llegó también la "apertura económica" y las maravillas de la "fayuca" de Tepito desaparecieron, tornándose en drogas y todo tipo de mercancía ilegal, especialmente la piratería.

Llegó el ambulantaje, llegó el tráfico, los narcomenudistas, los chineros. Llegaron los vendedores que gritan en las calles.  Desaparecieron los carritos de supermercado que vendían vasitos de unicel con caldo y manitas de pollo con salsa y limón, y fueron reemplazados por puestos "semifijos" (A ver quien los quita) de palomitas de microondas.

En los años 80 y 90, al igual que muchas cosas, la tecnología del entretenimiento tuvo un desarrollo explosivo. República del Salvador tuvo una época de estancamiento, debido a que tal vez no pudo alcanzar las nuevas tendencias con la suficiente velocidad.   Mientras que algunas tiendas seguían vendiendo bulbos y kits de electrónica para hacer un organito melódico, en el puesto de la banqueta vendían reproductores de cidís y televisores portátiles chinos al mismo precio. 

Ahora todos conocemos las tiendas “Steren”,  distribuidas por todo el país; que son como “Radio Shack” pero con saborcito mexicano. Bueno, pues décadas antes de ser cadena, la tienda Steren nació, creció y se desarrolló en República del Salvador.

Y luego llegaron las computadoras.   Y llegaron las "Plazas".     Anteriormente,  los caserones de República del Salvador (construcciones de varios pasillos y patios centrales) alojaban innumerables negocios de reparación de aparatos electrónicos, de diversa especialización.  Para encontrar aquel bulbo alemán del año 39,  había que adentrarse por lo menos 2 lúgubres patios donde hacía frío hasta en verano y llegar al local que seguramente pagaría muy poca renta. Pero en los años 90, se acabó todo eso, y una nueva generación de emprendedores (Seguramente los hijos de quien antes vendía bulbos) comenzaron el lucrativo negocio de la piratería, las plazas de la computación, la recarga de cartuchos de impresora, y la venta de cidís vírgenes.   

República del Salvador cambió otra vez, pero no mucho, ya que la expansión del negocio se dió en dos frentes; una gigantesca "Plaza" comercial en la calle de Meave, a una cuadra al sur, donde actualmente se venden todas las porquerías de importación ilegal que puedan imaginarse, videos y música pirata, controles remotos "universales", emepétreces, emepécuatros y hasta emepécincos (Me encantaría saber cómo son) y modificaciones ilegales a todo tipo de consolas de juego; y los enrevesados pasadizos que unen El Salvador con la Calle de Uruguay hacia el norte en lo que antes eran lúgubres vecindades: Las “Plazas” de la computación y del celular.  

Estas “Plazas” -Y pongo el nombre entre comillas porque lo son  todo menos espacios abiertos-, Son laberintos kilométricos, asfixiantes, sofocantes. Si usted padece de claustrofobia, ni piense en ingresar;  moriría antes de lograr salir.  Son cientos, miles de pequeños puestos de no más de 2 o 4 metros cuadrados; pasillos estrechísimos donde dos personas apenas pueden cruzarse, por lo que si algún cliente se detiene frente alguno de estos negocios, se forma un taponamiento.  Aunque no he tenido una mala experiencia allí, se que estas "plazas" son peligrosas. No se distinguen los vendedores honestos, establecidos, de mercachifles, buscones, embaucadores o asaltantes en toda forma. Todo se revuelve en ese caldo humano. Si no sabes qué vas a comprar, o peor aún, no eres experto en el tema, no te acerques allí.

El oxígeno es escaso. Los calores, olores y humores se concentran; el ruido se multiplica. El ruido es lo peor.  Al ir pasando, los vendedores (De a dos o tres por puesto de dos metros de frente por uno de fondo) no paran de gritar (a pesar de que los oídos pasan a 10 centímetros de sus bocas) en forma bastante agresiva “¿Qué buscaba? ¿Qué cotiza? ¿Qué le gusta?”  y agregan  luego un “Se puede preguntar” (¿Te cae?) “Dígame le mejoramos precio…” Todo esto en menos de 3 segundos que necesita uno con suerte para cruzar el puesto. Al siguiente, lo mismo, y lo mismo...  y luego son puestos por ambos lados, y algunos pasillos tienen más de 100 puestos antes de que pueda uno encontrar una salida, o algún lugar donde respirar un momento sin que lo empujen, pisen o presionen, engañen o ensordezcan a uno.  Es una locura.

¿Y por que existe? Se preguntarán. ¿Por qué si está tan feo tiene tanto éxito? La respuesta es sencilla. Yo, que soy muy viajado, puedo afirmarlo de manera contundente: En ningún lugar del mundo existe tal concentración, variedad y precio relativos a artículos digitales como la “Plaza” de la computación en República del Salvador y Uruguay de la Ciudad de México.  Lo más parecido sea tal vez el barrio de Akihabara en Tokio;  donde seguramente hay tecnología de mucho más avanzada, pero no a los precios que se encuentran aquí, ni creo que la variedad.  No conozco Beijing, pero si hay un sitio más loco que “República del Salvador”, tal vez esté allí.

Con menos tradición que La Lagunilla o Tepito, República del Salvador tiene muchas veces la importancia económica que estos dos más famosos lugares; pero para mí tiene una relevancia especial. “República del Salvador” me ha visto andar a lo largo de sus calles por décadas, desde que era un tímido chamaquito imberbe, hasta que, 30 años después he regresado a reencontrarme con algunos aspectos de mi propio pasado.


(*) RadioTécnico: Tipo popular de la ciudad de México, especializado en la reparación de consolas zonda y telefunken, y televisores Philco. Si.. antes los aparatos de sonido y televisores se reparaban; no se tiraban.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Fichando en la calle de Dolores

Se trataba de una cantinucha que bien podría haberse llamado "El  barril  desvencijado" sucia obscura, en donde las cervezas costarían menos de  doce pesos, y la "botana" eran tripas y arroz. Parecía baño: de una pretendida y antigua elegancia, habían cubierto las paredes con esas losetas imitación mármol. Las mesas de metal; las sillas de plástico. Los clientes, todos de segunda o tercera edad, mataban el tiempo frente a los pocos tragos que podían permitirse. La sinfonola rara vez tocaba; y eso porque el encargado la ponía de vez en cuando, y no por que los clientes le echaran monedas.

Ahí estaban las muchachas de la calle de Dolores: señoras de 50 años -la más joven-  y en plena senectud las demás, quienes a cambio de una copa prestaban su compañía a base de silencios y susurros. Sólo eso: compañía cercana. No bailes, no fajes, no sexo. Frases cortas, y más silencios. Me tocó ver romper en lágrimas a un curtido viejito que descansaba entre bultos de gran tamaño a un lado de su diablo. Su compañera no dijo nada. Callada y seria, -casi formal diría yo-, sólo lo rodeó con su brazo.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Verso pacheco

Tenía -no se por qué- esta bonita imagen en mi caché; y me dieron ganas de hacer un verso pareado:
Los cocos de hierbas finas
truenan como chinampinas.

Introducción al estudio de los zombis parte I

Pues sí; otra de zombis. Considero a los zombis adorables por muchas razones, tal vez la principal es que son prescindibles. En esta ocasión, los conoceremos un poco más. Existe toda una disciplina alrededor de los zombis, muchos estudios y publicaciones, incluyendo la indispensable Zombie Survival Guide” de Max Brooks: 288 páginas de útil información para sobrevivir a cualquier ataque zombi, incluyendo una lista completa de todos los incidentes de zombis de la historia. ¿Sabías que lo peor para huir de una invasión urbana de zombis es una Hummer? Estoy seguro de que no. Encuentra la razón en la página 115.

También hay películas de zombis. Muchas. Desde que hay cine, hay películas de zombis.  Dr. Alban de la revista  en línea NOSOLOROL nos hace una muy completa retrospectiva de los zombis en el cine; y de ésta podemos extraer diversas etapas: la fundacional de zombis clásicos caribeños o vudú de la cual se extrae el nombre de zombi. Son medio aburridas (a menos que salgan caribeñas voluptuosas) pero sin ellas, no existirían las otras películas, como la de zombis modernos muerde-personas representadas por la obra maestra de Jorge A. Romero “La noche de los muertos vivientes” y sus decenas de zagas, y por último la etapa que podría yo llamar post moderna del siglo XXI, donde tenemos zombis ágiles y furiosos que no caminan como zombis y que contagian en segundos. (“28 Días después”)  En esta fantástica película, los zombis son tan furiosos y ágiles, infectan tan rápido, que bastan 28 días para contagiar todo el reino unido de la Gran Bretaña, y 28 semanas para que todos se mueran. Comparado esto con los zombis lelos que caminan como zombis de las películas de Romero, es… radical, ¿no? 

La forma en que los zombis se hacen zombis da también para dividir la filmografía por, digamos “origen zombiático”, comenzando por el tradicional, la magia vudú. Van los sacerdotes vudús, desentierran un muerto fresco, le embarran un gallo negro y le danzan un poco, y zaz; ya tenemos un zombi.  El segundo tipo de origen es el que realmente hace emocionantes las películas de zombis: por contagio, como si fuera el virus de la rabia:  Viene un zombi, te mata a mordidas, y luego ya eres zombi tu también.  El tiempo entre la mordida y la conversión a zombi varía entre películas desde varios días, hasta pocos segundos. Cuanto menos tiempo, más emocionante. Esta modalidad de zombis rabiosos revuelta con algunas características vampíricas fue ya propuesta al menos desde 1954 por Richard Matheson en su obra fundaciónal "Soy Leyendade la cual se han hecho hasta cuatro películas entre 1964, con Vincent Price, 1971, con Charlton Heston y 2007 con Will Smith.  

El tercer tipo, y  menos explorado, es la abducción o control extraterrestre: llegan los marcianos y te hacen esclavo zombi por muy diversos métodos, pero siempre con el fin de que les ayudes a conquistar al mundo. Este último método –decía- es poco explorado en el cine, a pesar de que fue propuesto hace ya muchos años en la obra maestra de Robert Heinlein de 1951 Amos de Títeres (The puppet masters). Y claro, tuvo que haber sido el visionario Eduard Wood Jr., considerado el peor director en la historia del cine, quien en su obra maestra “Plan 9 from outer space” (también considerada la peor película en la historia del cine) abordara este método.

Ya me daré el gusto de reseñar tanto la novela de Henlein, como la sensacional película de Wood. Muy pronto.

(Saludos al tigre rallado)