sábado, 13 de diciembre de 2008

República del Salvador

No la conozco.

El país; la calle sí.  Cualquier capitalino la conoce o ha escuchado hablar de ésta.  Desde hace décadas República del Salvador, al igual que otras calles en la Ciudad de México se había especializado en algún aspecto del comercio instalándose en sus locales decenas o cientos de negocios del mismo ramo.  Cuando yo la conocí al final de los años 70, en esta calle se podría encontrar todos los componentes necesarios para la reparación de aparatos de sonido y televisiones.  

¿Se acuerdan de los aparatos de "bulbos"?  ¿Y de los bulbos? Si.. esos como foquitos que se prendían débilmente, se calentaban casi al rojo vivo, y se fundían con desagradable frecuencia.  Eran caros, y difíciles de conseguir, por que cada aparato distinto, parecía usar bulbos distintos. Los había grandes y pequeñitos, con 4, 6, 10 o más patitas o terminales.  Yo conocí "El Salvador" cuando los bulbos estaban desapareciendo -dando paso a los transistores, que no se fundían- por lo que cada vez era más escasos.  Todos los "radiotécnicos" (*) de la ciudad de México acudían con frecuencia a esta calle, a peregrinar de casa en casa, mostrando suplicantes a los empleados de los mostradores el bulbo raro, el cinescopio fundido, el Fly-Back (Que chido nombre) de aquella televisión cuyo cliente llevaba meses esperando su reparación. 

Encontrar el bulbo adecuado, la refacción justa, era como encontrar el santo grial; y los "radiotécnicos" se entregaban a esta gesta con fervor religioso.  Peregrinaban de casa en casa por la calle, simplemente mostrando el bulbito a los empleados, ya sin siquiera emitir palabra.  En todos los casos no tenían la pieza en cuestión, negaban con la cabeza sin tampoco decir nada, y el peregrino salía a la casa siguiente. Pero la distinción estaba en las posibilidades de encontrarla. Por ejemplo: Un bulbo antiguo y raro, de la epoca de los 50 era tan extraño, que con solo mostrárselo a los empleados, éstos negaban con la cabeza rapidamente,  a veces con cierto dejo de burla, como diciendo: "Jaja.. ¡pero qué iluso!"  y en otras ocasiones, en un arranque de conmiseración, los empleados le espetaban al cliente un consejo: "No pierda su tiempo, amigo; esa pieza no la hay desde hace diez años"...   ¿Ustedes creen que el peregrino se amilanaba?  Nuncamente: como buen mexicano, tenia siempre la esperanza de lograr, de casualidad y gracias a una coincidencia increíble, encontrar al dichoso bulbo en la siguiente casa.

¿Por que conozco estas cosas? No, nunca fui radiotécnico. Yo era aficionado a la electrónica; es decir, desde chavito me gustaban todas las cuestiones de la electricidad, la electrónica, la radiocomunicación, y cualquier disciplina que involucrara alambres, pilas, aparatos y soldaduras (La informática como tal no existió sino hasta 15 años después).  Desde muy joven, (Tal vez 11 o 12 años) cruzaba media ciudad algún sábado por la mañana, -en camión y metro- para pasarme literalmente todo el día viendo cositas en la calle de República del Salvador. Todo me fascinaba: los aparatos, las bocinas, los foquitos, los  alambres.   Siempre iba con el pretexto de comprar algún componente que necesitaba para alguno de mis "experimentos",  pero siempre me quedaba y veía muchísimo más. Para mí era fascinante.  En esos años, no había ambulantaje, no había piratería. Lo único que se le parecía eran puestos que se ponían en las banquetas, vendiendo literalmente pedacería de aparatos eléctricos y electrónicos, donde la gente se detenía a hurgar en los montones de despojos para buscar -con el mismo fervor que ya he comentado- si de casualidad encuentran enterrada la pieza que tanto ansían.  (Y que esta funcione, claro).

Como todo, República del Salvador fue evolucionando.   Con el advenimiento de nuevas y más baratas tecnologías, la calle poco a poco dejó de vender partes, para vender aparatos más baratos y desechables. Se especializó en aparatos de sonido, tanto para uso doméstico, como industrial y profesional.  ¿Quiere usted comprar unas buenas bocinas tipo corneta  "Radson" para sonorizar un pequeño estadio de fútbol?  ¿Ya se le gastó la "Aguja" del "Tocadiscos" con la que escuchaba los éxitos Ray Charles?  Su chamaco de la secundaria necesita un "Kit" para su taller de electrónica?  ¿Se volvió a fundir el bulbo de la consola "Telefunken" del abuelo?  Vaya a república del Salvador.

Como si fuera nuestro propio valle del silicio, República del Salvador (Al igual que Tepito, en su versión fayuquera)  era escaparate tecnológico del país. Antes de que alcanzaran las principales tiendas departamentales, en República del Salvador podían encontrarse los aparatos más avanzados, las televisiones más grandes; las bocinas más ruidosas, las luces audiorítimicas más brillantes, y los walkmans más pequeños.

Llevo más de 30 años viniendo a república del Salvador (escribo este post en una cantinita en su esquina con Bolívar.)   De los años 70 para el nuevo siglo, muchas cosas han cambiado.  República del Salvador tambien.   Pasó -decía- del bulbo al transistor, y del transistor al circuito impreso, y de éste al microcircuito integrado. Y luego llegó la era digital. Llegaron las computadoras y todo era "por computadora".  Llegó también la "apertura económica" y las maravillas de la "fayuca" de Tepito desaparecieron, tornándose en drogas y todo tipo de mercancía ilegal, especialmente la piratería.

Llegó el ambulantaje, llegó el tráfico, los narcomenudistas, los chineros. Llegaron los vendedores que gritan en las calles.  Desaparecieron los carritos de supermercado que vendían vasitos de unicel con caldo y manitas de pollo con salsa y limón, y fueron reemplazados por puestos "semifijos" (A ver quien los quita) de palomitas de microondas.

En los años 80 y 90, al igual que muchas cosas, la tecnología del entretenimiento tuvo un desarrollo explosivo. República del Salvador tuvo una época de estancamiento, debido a que tal vez no pudo alcanzar las nuevas tendencias con la suficiente velocidad.   Mientras que algunas tiendas seguían vendiendo bulbos y kits de electrónica para hacer un organito melódico, en el puesto de la banqueta vendían reproductores de cidís y televisores portátiles chinos al mismo precio. 

Ahora todos conocemos las tiendas “Steren”,  distribuidas por todo el país; que son como “Radio Shack” pero con saborcito mexicano. Bueno, pues décadas antes de ser cadena, la tienda Steren nació, creció y se desarrolló en República del Salvador.

Y luego llegaron las computadoras.   Y llegaron las "Plazas".     Anteriormente,  los caserones de República del Salvador (construcciones de varios pasillos y patios centrales) alojaban innumerables negocios de reparación de aparatos electrónicos, de diversa especialización.  Para encontrar aquel bulbo alemán del año 39,  había que adentrarse por lo menos 2 lúgubres patios donde hacía frío hasta en verano y llegar al local que seguramente pagaría muy poca renta. Pero en los años 90, se acabó todo eso, y una nueva generación de emprendedores (Seguramente los hijos de quien antes vendía bulbos) comenzaron el lucrativo negocio de la piratería, las plazas de la computación, la recarga de cartuchos de impresora, y la venta de cidís vírgenes.   

República del Salvador cambió otra vez, pero no mucho, ya que la expansión del negocio se dió en dos frentes; una gigantesca "Plaza" comercial en la calle de Meave, a una cuadra al sur, donde actualmente se venden todas las porquerías de importación ilegal que puedan imaginarse, videos y música pirata, controles remotos "universales", emepétreces, emepécuatros y hasta emepécincos (Me encantaría saber cómo son) y modificaciones ilegales a todo tipo de consolas de juego; y los enrevesados pasadizos que unen El Salvador con la Calle de Uruguay hacia el norte en lo que antes eran lúgubres vecindades: Las “Plazas” de la computación y del celular.  

Estas “Plazas” -Y pongo el nombre entre comillas porque lo son  todo menos espacios abiertos-, Son laberintos kilométricos, asfixiantes, sofocantes. Si usted padece de claustrofobia, ni piense en ingresar;  moriría antes de lograr salir.  Son cientos, miles de pequeños puestos de no más de 2 o 4 metros cuadrados; pasillos estrechísimos donde dos personas apenas pueden cruzarse, por lo que si algún cliente se detiene frente alguno de estos negocios, se forma un taponamiento.  Aunque no he tenido una mala experiencia allí, se que estas "plazas" son peligrosas. No se distinguen los vendedores honestos, establecidos, de mercachifles, buscones, embaucadores o asaltantes en toda forma. Todo se revuelve en ese caldo humano. Si no sabes qué vas a comprar, o peor aún, no eres experto en el tema, no te acerques allí.

El oxígeno es escaso. Los calores, olores y humores se concentran; el ruido se multiplica. El ruido es lo peor.  Al ir pasando, los vendedores (De a dos o tres por puesto de dos metros de frente por uno de fondo) no paran de gritar (a pesar de que los oídos pasan a 10 centímetros de sus bocas) en forma bastante agresiva “¿Qué buscaba? ¿Qué cotiza? ¿Qué le gusta?”  y agregan  luego un “Se puede preguntar” (¿Te cae?) “Dígame le mejoramos precio…” Todo esto en menos de 3 segundos que necesita uno con suerte para cruzar el puesto. Al siguiente, lo mismo, y lo mismo...  y luego son puestos por ambos lados, y algunos pasillos tienen más de 100 puestos antes de que pueda uno encontrar una salida, o algún lugar donde respirar un momento sin que lo empujen, pisen o presionen, engañen o ensordezcan a uno.  Es una locura.

¿Y por que existe? Se preguntarán. ¿Por qué si está tan feo tiene tanto éxito? La respuesta es sencilla. Yo, que soy muy viajado, puedo afirmarlo de manera contundente: En ningún lugar del mundo existe tal concentración, variedad y precio relativos a artículos digitales como la “Plaza” de la computación en República del Salvador y Uruguay de la Ciudad de México.  Lo más parecido sea tal vez el barrio de Akihabara en Tokio;  donde seguramente hay tecnología de mucho más avanzada, pero no a los precios que se encuentran aquí, ni creo que la variedad.  No conozco Beijing, pero si hay un sitio más loco que “República del Salvador”, tal vez esté allí.

Con menos tradición que La Lagunilla o Tepito, República del Salvador tiene muchas veces la importancia económica que estos dos más famosos lugares; pero para mí tiene una relevancia especial. “República del Salvador” me ha visto andar a lo largo de sus calles por décadas, desde que era un tímido chamaquito imberbe, hasta que, 30 años después he regresado a reencontrarme con algunos aspectos de mi propio pasado.


(*) RadioTécnico: Tipo popular de la ciudad de México, especializado en la reparación de consolas zonda y telefunken, y televisores Philco. Si.. antes los aparatos de sonido y televisores se reparaban; no se tiraban.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola.
Vale advertir a los lectores de los ladrones establecidos en algunos de los locales de la mencionada plaza.
En la 2a planta en particular, los ladrones sentaron sus reales en algunos locales de "reparación" de compus.
Cuidado.
Fernando Pérez

Anónimo dijo...

Hola A todos los lectores y colegas tanto electrónicos como los aficionados al fenolico y olor a paste desoldadora.
Realmente anecdotico y transportadora al pasado tu charla,felicidades,todo un conocedor,recuerdo las "chispas"y sus ricas tortas y tacos de canasta,esquina el salvador y eje central,con el grito,,, oiga pasee,aún existen,esos torteros,solo que desvalagados en varias partes.Gracias colega por la remembranza.

Gabriel Z.

Tesla dijo...

Yo que soy relativamente joven 23 años y estudiante de Ing. Mecatrónica hubo un tiempo que me encantaba pasearme en esta famosa calle, de los puestos cercanos a steren, agelectronica, al pasillo 24 y a los lindos "deshuesaderos". En esta sección aún donde puedes conseguir componentes, transistores, digamos piezas sueltas. Es como un oasis a la sección de al lado llena de tiendas de celulares, tinta, toner y demás. Pasearse en los deshuesaderos es muy divertido buscando ese motor con encoder que necesitas a buen precio obvio esta. Es un gran lugar que en algunas cosas tiene que renovarse o será consumido por la sección de al lado que ama los celulares, volantes y gritos.