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Mostrando entradas de septiembre, 2021

El recogedor

 ¿Se les ha caído una moneda en la calle?  ¿Se han dado cuenta que cuando se nos cae algo  al piso y hay gente cerca, es muy probable que no sea uno el que lo levante sino que sea cualquier otro, incluyendo cualquier desconocido? Esta actitud humana, (¿latina-Chilanga?) me parece deliciosa:  Se le cae uno algo -cualquier cosa- en presencia de gente, y siempre habrá alguien que se apresure a recogerlo. Aunque no te conozca. Lo natural sería que uno recogiera lo que se le cayó pero, al menos en mi país, lograrlo puede ser tarea difícil. Es impresionante: aún cuando las monedas u objetos no hayan terminado de caer, ya un comedido conciudadano está tirado en el piso intentando recogerlos, literalmente se abalanzan.  Me ha pasado, por ejemplo que se me cae algo, y entre algun suspiro de fastidio y comenzar a intentar agacharme a recogerlo, cuando uno -o dos- transeúntes ya se lanzaron al ataque.  Siempre directo,  siempre sin pedir permiso, casi sin aviso.  Puede ser un veinte en la banquet

Provechito

De las cosas que mas me gustan del lugar donde vivo son ciertas costumbres comedidas de nosotros los chilangos. Seguramente se comparten aquí y allá, pero en conjunto estas costumbres nos distinguen, y a veces, nos explican. Estando en una taquería, el comensal que acaba de pagar su consumo se dirige con buena voz a los otros clientes cercanos y que nunca había visto en su vida, y les desea "provecho" mientras se retira.  En los restoranes o cantinas donde hay que ir pidiendo permiso para poder salir,  se reparten "provechos" a conocidos y desconocidos a todo lo largo del salón.  Cuando el lugar es más pequeño, la forzada intimidad que obliga deglutir a centímetros del conciudadano crea una especie de tensión entre éstos, que se disipa completamente al exhalar un "provecho", al retirarse. Y en general, si alguien se encuentra con alguien que está comiendo, el mejor saludo es "provecho" o "buen provecho". Y todos estos "provechos&qu

Reflejos

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  El renacuajo sintió la caricia del sol y rompió a nadar. Culebreando entre las plantas traspasó el tejado roto y siguió derecho al cielo y a las nubes.