martes, 2 de junio de 2009

El beso de la sirena negra

Mi querida costurera se fue a Madrid. Tal cual la canción de Agustín Lara, se hizo emperatriz de Lavapiés ella solita; se fue de antro por los vericuetos de los barrios céntricos durante toda la noche, y se paseó por la Gran Vía. Una vez salía de una tienda y se encontró con un extraño tipo calvito, que tenía aire de extraterrestre. Él la saludó; se tomó una foto con ella y le firmó un libro. Se trataba de Jesús Ferrero, exitoso poeta y novelista vasco que presentaba su primera novela negra (a juzgar por el color de la portada). Ella empacó el libro en su maleta y me lo trajo.

Tengo poca experiencia con la Novel Noir. Ví "El halcón maltés" y me chuté todas las aventuras de Héctor Belascorán Shayne escritas por Paco Ignacio Taibo II; así que cuando conocí a Ágata Blanc, la detectiive protagonista de "El beso de la sirena negra" sabía mas o menos a qué me atenía: narraciones en primera persona; infancia y formación complicada; una o dos desgracias para agriar el carácter, un curso por correspondencia de detective y "Voilá", tenemos a una nueva Sam Spade pero mucho más alta y guapa. Ágata es contratada por una misteriosa aristócrata española para buscar el paradero de su desaparecida hija, Alizé, quien se desempeñaba como doctora en un hospital. "No le pido que indague en el alma de mi hija, sólo le pido que averigüe dónde se encuentra y qué clase de vida está haciendo."

Las pesquizas llevan a Ágata a conocer la frialdad de los pasillos del monasterio del Escorial, otrora vivienda y tumba de la familia real española, y algunos barrios de una impersonal París. Hasta este punto la novela se antoja algo aburrida, pero una inusitada profusión de detalles, posibles pistas futuras y una excelente descripción de lugares y personalidades me hicieron seguir leyendo.

Más profundas y oscuras que las mazmorras del monasterio enclavado en la sierra de Guadarrama, lo son las profundidades de la mente de Alizé, a quien Ágata va conociendo al seguir la pista de sus víctimas-amantes. Alizé práctica una parafilia derivada de la más común, el sadismo, pero llevada a unos extremos verdaderamente espeluznantes y a la vez finos.

No me malinterpreten. No se trata de una novela "gore" ni es incómodamente explícita; pero la fineza de la depravación de Alizé solo puede compararse con la fuerza de la sexualidad que apenas se adivina en Ágata.

Ágata se enfrenta finalmente a Alizé y emprenden una frenética persecución que las lleva de París a Madrid para llegar otra vez al valle dominado por el monasterio del Escorial.

La corta novelita me gustó mucho (!Gracias, Costurera!). Resulta evidente que Jesús Ferrero tiene grandes planes para Ágata Blanc, y me gustaría seguirla en sus aventuras.

2 comentarios:

Quid pro quo dijo...

Me gusta tu reseña, si no fuera porque ya leí el libro, me habrías animado a hacerlo.
La costurera

Carlos Alexandro dijo...

Mmmmm....me parece una recomendación por demás interesante y mas viniendo de usted....habrá que leerlo