viernes, 21 de noviembre de 2008

El Centro


"Nos cargó el payaso".  Así tal cual, llegó el periodico aquél sábado 11 de octubre. No es que la portada me sorprendiera; esta gente del periódico El Centro nos tenia acostumbrados a diferentes primeras planas, a cual más estrambóticas.  Me gustaba su estilo desparpajado, echado para adelante.  El Centro buscaba convertirse en el mejor tabloide del país. Bueno, en realidad no había ningún otro tabloide en circulación (No por el formato, sino por su vocación)  pero aún así tenían buenas posibilidades de convertirse en el mejor tabloide del país.  

Me encantaba El Centro. Obligado por mi ocupación a leer varios periódicos diariamente, encontré en éste uno al que me suscribí por el puro gusto.  Había ediciones que no tenían desperdicio. Había otras que no tenían madre.  Pero por eso me gustaba; cada edición era una aventura, una batalla perdida o ganada. Cuando tenía tiempo, me daba el gusto de leer el diario de pé a pá.. desde la primera plana, hasta la última.  La profusa riqueza del diseño gráfico de El Centro no reñía con los contenidos. Sin descuidar las noticias del día, El Centro era un periodico orientado al reportaje. Cada edición traía alguna sorpresa interesante sobre un tema tratado de manera novedosa.  

Aunque compartían recursos de la misma editorial, la sección de espectáculos de El Centro nunca fue tan sólida como Circo, del periódico deportivo Récord. Paradógicamente el resumen de deportes era excelente,  aunque para quienes estamos suscritos (tambien por el puro gusto) a Récord, pues era solo un aperitivo.

La primera plana de El Centro era visceral, era contestataria; emotiva, furiosa, alburera, demandante, algunas veces genial, y otras ciertamente idiota.  Son muchas las portadas que resultan memorables, y algunas mas; deleznables.  Aquella por ejemplo de "Topota madre" con motivo del aniversario de los sismos del 19 de septiembre, era digna de un pasquín de la preparatoria popular Fresno.  Pero las más fueron sensacionales.  En esa  última y extraña edición "de colección" del payaso, los editores pusieron una selección de lo que consideraron sus mejores portadas.  Los juegos de palabras eran muy divertidos (exepto el de la madre el topo) y no dejaban títere con cabeza: Bush,  McCain, El Papa que no "Bene"...  Era un verdadero placer buscar la edición del día en la puerta de la casa; a ver que onda traía.   Durante su corta vida, El Centro batió récord al separarse en casi todas sus ediciones de los temas que el resto de los periódicos manejaban en 8 columnas;  en muchas ocasiones, cuando la nota del día era lo suficientemente insulsa o cansada,  El Centro cabeceaba su edición con algun excelente reportaje; y "háganle como quieran": parecía decir la primera plana.  

El Centro era intenso y a veces generoso.  En un momento criticó al presidente Calderón por su supuesta inacción ante la crisis económica: "¿Y donde está el piloto?" cabeceó.  Al día siguiente, después de la presentación de las medidas del gobierno, no tuvo empacho en rectificar y presentar el "Plan de vuelo del piloto Felipe Calderón: Listos para la turbulencia".  

Los diferentes apartados, columnas y editoriales poco a poco tomaban consistencia. Me gustaban particularmente los artículos muy al estilo de "El dice, ella dice" de Fernanda y Rulo, sus otras muchas plumas frecuentes, y desde luego, el trabajo fotográfico.  Las infografías.  "Mundo alucinante"  consistente en curiosidades bajadas de internet o agencias,  y la tardíamente renovada sección "vida"  tampoco tenían desperdicio.  Carajo...  como disfrutaba ese periódico. Alguna vez resolví completito el crucigrama mientras esperaba mi visa; y ya me iba a seguir con el Sudoku si no me hubieran llamado antes.  

El humor y la carrilla no faltaban.  Aquella sección donde se pitorreaban de los anuncios eróticos de otros periódicos y revistas, era genial.  La doble plana semanal del chambeador huesero Enrique Hernández Alcazar;  El "Centro Histérico" de Juan Tiburón en la tercera de forros era una delicia.  En más de una ocasión esa plana bien hubiera podido sustituir a la primera, y así se lo dije a Salvador.   

Salvador Camarena era el director editorial de El Centro.  El segundo, de hecho. Lo conocí en lo que yo podría considerar la "epoca dorada" del periódico. No es que realmente hubiera tenido una; me imagino que toda la trayectoria de este periódico fue un desmadre.  Pero ante la tragedia increíble; angustiante, y furiosa del "News Divine", El Centro,  (Salvador y su equipo)  hicieron algo que yo al menos no había visto en ningún medio:  se asumieron portavoz de los chavos muertos, y de los chavos supervivientes.  Esos días fueron de furia, enojo, incredulidad y tristeza. y El Centro supo interpretar el sentimiento de muchos.

Pues esos días conocí a Salvador. Nos reunimos para platicar de negocios y acordamos muy interesantes sinergias. Yo no sabía (Y estoy seguro que ni él) que 3 meses después su aventura terminaría.  Sin ser eso una entrevista, Salvador me platicó gustoso de cómo llegó a El Centro y cuales eran sus proyectos.  Me contagió de su entusiasmo.   Curiosamente el día anterior había yo mandado un correo a la redacción, pitorreándome de un gazapo divertidísimo que habían cometido,  lo publicaron y Salvador se acordó de mí.  Neto no era mi intención, pero no pude aguantarme.  Salvador me dijo que las ventas de publicidad iban en aumento,  y eso era constatable con cada vez mas y más planas comerciales.

Todo iba smooth...  shidín sin problema.. hasta el fin de semana anterior al 11 de octubre. La edición del sábado 4 llegó con una novedad: la autonombraron edición de "fin de semana" con el detallito de que esa serviría para sábado y domingo. Buenos para los eufemismos, los de Notmusa explicaron que esa nueva "modalidad" era mas acorde con el perfil del lector:  supongo se refería al $perfil$ del lector.   No me gustó nadita, ya que precisamente esos días había más tiempo de disfrutar el periódico; pero ni modos; la crisis económica ya se había anunciado y ese tipo de medidas eran comprensibles.

Pero lo que sucedió la semana siguiente no lo fue: llegó la jalada del payaso. Así sin más,  babay valen chorros, nunca cambien,  ya nos cargó el payaso y hasta la vista baby. Caput, se finí. y -una vez mas-  háganle como quieran.   En toda esa extraña edición "de colección" final, no hubo una explicación plausible,  ni gente con nombre y apellido que diera la cara.  (¿Donde estaba Salvador?)   solo varias semanas después,  la revista  etcétera explicitó las causas:   lana.  Vieron que por mas que le hiceran, la casa perdía. Y como esa casa (Notmusa) no está acostumbrada a perder, pues sencillamente cortaron por lo sano.  "Au revoir  El Centro de México..  al fin que nos quedan titipuchal de ediciones por todos lados".   Mejor suerte para la proxima, valen chorro, nunca cambien.

Pues sí..  están en su derecho.  Supongo que casi todo el personal fue asimilado en otras publicaciones -más económicamente exitosas- de la editorial y tampoco es una desgracia (Yo pido estar en "H para hombres").  La vida vá (seguirá diciendo Guillermo Ochoa) y todo sigue su curso. Sin embargo, como lector y suscriptor de El Centro, (por cierto me deben una lana), como analista de medios, y como fan de tan divertido proyecto me siento en posición de emitir mi comentario ante esta controvertida decisión de la editorial Notmusa; comentario que vierto en una sola palabra, muy al estilo de las primeras planas del exinto tabloide:

Putos.

 

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